You survived the winter. Here’s your reward.
Hay cosas que no puedes explicarle a alguien que nunca ha vivido en Chicago durante invierno. No el invierno de “ay, hace frío.” El invierno de seis meses de cielo gris. De ponerte capas o el parka para bajar a sacar la basura. De olvidar qué color tiene el cielo cuando no está cubierto de nubes que se sienten personales. De preguntarte — y esto es serio — si el sol existe todavía o si eso era un rumor.
Y entonces llega. Sin avisar, casi. Un martes. Un sábado. Cualquier día que Chicago decide que ya, ya fue suficiente.
78°F 🌞 Not a cloud en sight.
Chicago cálida no es simplemente buen clima. Es un acto de justicia. Es el universo diciendo: okay, you made it through. Here, take this.
Salgo a la calle y la gente — toda la gente — está diferente. Like genuinely altered. Los vecinos que en febrero no te miran están sonriendo. Hay alguien con speaker en el parque. Hay perros corriendo que claramente tampoco pueden creer que esto esté pasando. Los niños en las escaleras. Las abuelas con las sillas afuera. El señor del primer piso afuera con una Tecate y los ojos cerrados hacia el sol como si estuviera rezando. Y lo está. Todos lo estamos. Agradeciendo los rayitos de sol que duran hasta my bed time.
Aquí en Chicago, el calor es colectivo. Es una experiencia compartida que nadie tiene que coordinar porque todo el mundo sabe. Todos sobrevivimos lo mismo. El frío fue igual de brutal para mi madre que vive en Pilsen y para el man que vive en los suburbios… Y ahora el sol es de todos por igual.
Yo soy de Puerto Rico, o sea que técnicamente debería ser inmune a emocionarme con el clima. El sol donde crecí es una constante, no un evento. Pero almost 11 years living here and honestly — Warm Chicago me mueve más que cualquier verano boricua. Porque este sol me lo gané. Lo esperé. Sobreviví los meses en que el mundo se sentía INFELIZ.
70° grados y empiezo a hacer planes que no voy a cumplir — ir al lago, explorar un barrio nuevo, leer afuera como si fuera una persona que lee afuera. Pero 78°— ahí está el número. 78°es la temperatura a la que Chicago se convierte en la ciudad que te convenció de quedarte. La ciudad que te prometió algo y finalmente lo entregó. 78° es la temperatura en la que pienso: okay. Okay, valió la pena.
El invierno de Chicago no te mata — te convierte, te hace madurar. La primavera te devuelve, pero distinta. Con más paciencia. Con más gratitud por cosas que antes dabas por sentado. Como el sol. Como caminar sin sentir que tu cara va a quebrarse.
Hoy caminé sin destino. Hice mis 10K steps antes de las 11am. Huge accomplishment if I may say. Eso es todo. No tenía errands, no tenía reuniones, no tenía nada. Solo caminé porque se podía. Porque después de meses de entrar y salir de lugares lo más rápido posible — porque el frío, porque el viento, porque el viento de Chicago que es un viento con carácter y opinión propia — hoy observe. Miré las casas. Miré los jardines que están empezando a despertar. Miré el cielo que era, te lo juro, ese azul que se siente pintado a mano.
Y pensé: casi once años aquí. Inviernos, primaveras como esta. Y cada una se siente like the first time.
Eso es lo que hace Chicago. No te deja acostumbrarte. No te deja ser indiferente. El invierno se asegura de eso — de que cuando llegue el calor, lo recibas con todo el cuerpo, con toda el alma, como si fuera un milagro.
Porque lo es.
Si eres de Chicago y estás leyendo esto: sal. Ahora. Para lo que estás haciendo. El email puede esperar. El laundry puede esperar. Sal y párate en el sol aunque sean cinco minutos. Cierra los ojos y respira profundo. Llegó el calor aunque hoy abril 6, este en 44 grados.
Tú también te lo ganaste
Graciasss por leerme 💘
Génesis 🍒
