Entre islas y lagos, aprendí que puedo pertenecer a dos mundos sin pedir permiso.
Me fui una adolescente de Puerto Rico,
con las rodillas llenas de arena
y el corazón lleno de “algún día”.
Pero Chicago…
Chicago me hizo mujer.
Aquí aprendí a caerme en el frío,
a romperme y a armarme,
a inventarme desde cero
mientras el viento me cortaba la cara
y el tren me enseñaba a no perderme.
Puerto Rico es casa —
el olor a café,
la brisa que me reconoce por nombre.
Pero Chicago… Chicago is home.
Aquí descubrí mi voz,
mi fuego,
mi hambre por más.
Y aunque mis pies bailan entre islas y lagos,
I know this —
mi casa siempre tendrá dos direcciones,
dos acentos,
dos cielos donde mi alma cabe completa.
